Esta serie fotográfica se articula en torno al concepto de "sensación de desplazamiento", explorando desde una premisa existencialista la condición del «sujeto» contemporáneo. El análisis se centra en la percepción y el proceso cognitivo del individuo frente al colapso del orden espacio-temporal y la progresiva homogeneización del entorno, fenómenos que derivan en una crisis de sentido existencial, especialmente al ser examinados bajo la óptica de los "no-lugares" de Marc Augé y el ritmo acelerado de la modernidad.

Mi praxis fotográfica actúa como un espejo de la interioridad, revelando cómo el individuo queda atrapado en un estado de "suspensión": una zona liminal donde resulta imposible retornar al pasado e igualmente inviable integrarse plenamente en el presente. Esta sensación de desajuste no emana de una falta de armonía intrínseca al mundo, sino de la persistente tentativa humana por comprender una realidad que no ofrece respuestas. Como bien señaló Albert Camus: "El absurdo surge del enfrentamiento entre el llamamiento humano y el silencio irracional del mundo".

Si bien este desplazamiento suele conllevar pérdida y sufrimiento, subyace un fenómeno de gran interés: la resistencia inconsciente del ser humano ante su propio desconcierto. Aunque el destino se imponga como una fuerza ineludible, persiste siempre la posibilidad de resignificar y redefinir la propia existencia.

En términos específicos, mi investigación se nutre profundamente de la tesis de Camus, quien afirma que "lo irracional, la nostalgia humana y el absurdo que surge del choque entre ambos son las tres características de la tragedia humana". Desde esta perspectiva, el proyecto intenta indagar —acaso de manera subconsciente— en las manifestaciones de la "nostalgia" y la "añoranza" en el mundo actual, conceptos que, en cierto modo, vinculo con la estética japonesa del mono no aware (la sensibilidad ante lo efímero).

Pese a que no parece existir un método capaz de restaurar o reconstruir el pasado, es posible intentar situar las coordenadas del sujeto dentro de un paisaje al cual ya no puede regresar, permitiendo así una descripción silenciada de lo real. Siguiendo ciertos postulados existencialistas, cuando la trama del sentido se desmorona, el individuo busca reposicionarse a través del acto mismo de "observar". Esta acción constituye una lucha constante en medio del desierto espiritual, impulsada por el anhelo persistente de fundar una tierra pura, un santuario o un nuevo "hogar espiritual".

Por consiguiente, la fotografía se erige aquí como un lenguaje alternativo para los extraviados: es el testimonio de la deriva existencial y, al mismo tiempo, la apertura hacia una posible y renovada forma de habitar la vida.